La cara de mi empresa

by groundwork

¿Recuerdas cuando estabas pequeño y elegías en qué grupo de niños sentarte en el recreo? Elegías cada uno de acuerdo a los juguetes que utilizaban, sus personalidades, incluso por la comida que traían de lunch. Cada grupo era diferente y se distinguía uno del otro. Creciste, y en la preparatoria sucedió lo mismo. Solo que ahora te fijabas en formas de vestir, de expresarse y lugares que frecuentaban los fines de semana.

Cuando crecemos y entramos a trabajar en una empresa, o logramos tener la nuestra, sucede lo mismo. A esta distinción de personalidad, valores y formas de comportamiento, se le llama cultura organizacional.

La cultura organizacional es, según el sitio gestion.org “el conjunto de formas de actuar, de sentir y de pensar que se comparten entre los miembros de la organización, y son los que identifican a la empresa ante los clientes, proveedores y todos los que conocen de su existencia. Sus normas, sus valores, sus hábitos. Es, en definitiva, lo que es la empresa”.

La cultura de la empresa, además, se constituye de los valores, misión y visión, que son jactados desde el inicio de operaciones de la misma. Pero, ¿para qué sirve la cultura organizacional? Pues bien, este conjunto de comportamientos y sentimientos, es un gran diferenciador y facilita la transmisión de identidad a cada uno de los empleados, haciéndolos sentir parte de un mismo equipo y donde cada idea cuenta y es respetada por todos.


Ahora bien, ya que tenemos un concepto más claro de lo que significa la cultura organizacional, podemos clasificarla en distintos tipos según Jeffrey Sonnenfeld (académico y profesor de Yale):

 

Cultura de las fortalezas.

Este tipo de cultura en las organizaciones es basada en la supervivencia para la seguridad en el puesto. Quizás en este tipo de cultura ya no importe tanto la complejidad del puesto o el reto a nosotros mismos, sino la simple lucha del día a día por alcanzar los objetivos haciendo el esfuerzo mínimo.

Cultura de club.

Como equipo, se basa en el compromiso y lealtad de cada empleado. En este punto, la antigüedad toma un rol muy importante. La empresa valora el tiempo que tienen los empleados laborando con ellos y esto se convierte en incentivos para mantenerlos con ellos.

Cultura de Academia.

Cuando la cultura es de Academia, los colaboradores tienen la oportunidad de crecimiento dentro de la empresa, dominando cada vez mejor las actividades de su puesto. Las empresas que trabajan con este tipo de cultura, se inclinan a brindar trabajo estable a jóvenes o recién egresados para que puedan seguir creciendo.

 

Cultura del Equipo de Béisbol.

La productividad es una de los principales objetivos de estas empresas. Según el sitio gestion.org, “se busca el riesgo, la innovación, el talento, y se ofrecen grandes incentivos por productividad”.

 

Cada empresa es responsable de la imagen que proyecta, pero más importante, de la calidad de vida que brinda a sus empleados. Por ello, es importante tomar en cuenta la satisfacción de sus colaboradores y no perder de vista nunca la misión, visión y valores que la rigen. De esta manera, será mucho más sencillo alcanzar los objetivos y mantener a sus trabajadores felices.

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